me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

sábado, julio 18, 2009

Y así lllegué acá.

Y entonces tuve el valor. Decidí que el mundo sería justo para mí contra toda ley natural preestablecida. Así que comencé a asesinar a todos los homo-sapiens que encontraba. Pero perdí mi turno cuando en frente mío se agacharon dos niños y me miraron de la misma forma en que yo miraba a mi padre cuando degollaba a las gallinas en el patio de la casa vieja.
Aún así, sabía que iban a crecer de cualquier manera… Que asquerosa aporía. Entonces vine a refugiarme en tus piernas, tus brazos, tu pecho, tu sonrisa, tu ceja arqueada siempre sobresaliente. Pero sobretodo en tu aliento tibio y gris. Porque tú nunca maduraste, creciste, ni aprendiste.