Y entonces tuve el valor. Decidí que el mundo sería justo para mí contra toda ley natural preestablecida. Así que comencé a asesinar a todos los homo-sapiens que encontraba. Pero perdí mi turno cuando en frente mío se agacharon dos niños y me miraron de la misma forma en que yo miraba a mi padre cuando degollaba a las gallinas en el patio de la casa vieja.
Aún así, sabía que iban a crecer de cualquier manera… Que asquerosa aporía. Entonces vine a refugiarme en tus piernas, tus brazos, tu pecho, tu sonrisa, tu ceja arqueada siempre sobresaliente. Pero sobretodo en tu aliento tibio y gris. Porque tú nunca maduraste, creciste, ni aprendiste.
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=(
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