Simplemente se hartó de reciclar los buenos versos, o en su defecto ininteligibles y por ende loables. No soportó más la intimidación causada por las miradas de infantes. Tampoco el seguir en el viscoso ciclo vicioso de la retórica rebuscada.
Y así fue como ese día se suicidó. Bueno… la verdad se agachó a recoger un billete y un camión le atropelló. Y todos fueron felices para siempre… aunque… ¿todos quienes?
1 comentario:
Que interesante escrito..
me haces pensar *-)..
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