Después de la perfecta fluidez simétrica de la tranquilidad reforzada, se comienza a estudiar la estática de las estatuas. La mirada clavada a la deriva: apenada, pues su matrona le mira con reproche. Está flaca y demacrada, no por su naturaleza. A la decadencia le hace falta el uso y el abuso.
Un perfecto peinado donde ningún cabello se escapa. Por dentro, más que el cerebro comienza a podrirse.
Nauseas, son eternas las nauseas.
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