Nacemos con cuerpos perfectos que van deformándose a medida que crecemos. Se forman menos bellos pero mucho más deseables. Crecer es como la desublimación natural que se desprende del cuerpo para transformarse en concepto residente de nuestro cerebro. .. por todo aquello del clítoris y la eyaculación…en cuerpo. Por todo aquello de la desesperación, la costumbre y la impotencia… en existencia.
Nace el pudor con la pérdida de la inocencia y las piscinas sedientas de sexo se llenan de cuerpos tímidos escondidos en ridículos bañadores y bronceadores.
¿Por qué no tenemos ya recubierto de pelaje todo el cuerpo? Somos los mamíferos que permanecen con la más tierna piel de inocencia sublime. Y los más obscenos de todos. Solo ahora el pelaje recubre nuestro cerebro. Y nuestro sexo realmente. ¿Hay diferencia entre ambos?
Ah! qué interesa… solo son pensamientos. Pero mis letras al ser pasadas se convierten en cenizas y quizá quien me lea simplemente me fume. Porque queda ese olor desagradable en los dedos, y ese amargo sabor en la boca. Pero el placer sutil del sonido de la brasa y los pulmones resentidos. Cuerpo y mente agradecidos de consumirse un poco más a prisa.
Después de todo hay quienes leen el futuro -¿o el pasado?- en las cenizas del cigarrillo compactas en un cuerpo que intenta débilmente mantener su forma de falito cancerígeno.
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