Juego a las escondidas con mi fin.
Y no pienso darle fin a este juego.
La situación es afín a mi poema
Que juega a la mujer difícil y coqueta
Que tapa su fin con el abanico.
Juguemos a que estamos ciegos,
Que no estamos locos,
Y que solo sabemos cantar.
Busquemos la torcedura de la línea
Hasta que sea invisible soga
Que cerca nuestros cuellos
¿Hay alguna bisagra de donde esté amarrada?
¡Cierto!
Ya es invisible y estamos ciegos.
No podemos saberlo,
Además dijimos que solo sabíamos cantar.
Pero siento un vacío en el estómago,
Y el viento me está cacheteando.
…Seguimos cayendo,
Seguramente no hay bisagra.
Y después de seguir al vacío
Puedo buscar a tientas
Tus latidos.
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