me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

lunes, mayo 11, 2009

hudor


Sinceramente se perdieron las ganas de borrar de mí los vestigios de un sueño hostigante. De quitarme la piel de conejo negro con sus orejas amputadas. Y escoger una máscara de hierro, una sonrisa de margaritas. Pero la impotencia y la obligación –que probablemente sea solo un vicio desagradable, pero vicio casi sostenible después de todo- me obligan a abandonar el calor y la seguridad del glacial que yo, solo yo, he calentado.
Y al pasar casualmente frente al cristal, le ví. Demonios, que sujeto tan demacrado ¿siempre has sido así? ¿es el vicio quien te ha mancillado? No, sé bien que solo son tus pensamientos. Pero es no es lo que más me aterra. Es el ver esas dos piedrecillas brillantes, que develan las dos putas bailarinas del maldito Cronos, interpretar la única danza que conocen. Y lo hacen burlonas, las malditas hetairas… en mis ojos. Y así los cerremos, seguimos sintiendo sus pasos siempre, siempre seguros.
Y no podemos escapar. Así que retornamos al vicio. ¿Concentrarnos? No, aunque solo sabemos leer, en este momento es imposible. Uno, dos, tres cigarros. Uno tras otro. Me pregunto por qué hay tantos artistas y poetas que toman este vicio. Pobre imbécil llamarte a ti mismo poeta, debo verme sumamente patético, y no niego que lo sea. Supongo que simplemente espero desafiar a las bailarinas, una un poco más robusta y menos alargada que la otra, sentándome un rato a llenar el vacío… eterno e implacable vacío, con el humo del vicio. Con el humo de mi aliento. Con el humo de mi ¿alma? Acaso ¿tenemos una?

Mientras no pueda resolverse, así sigan bailando las prostitutas en mi propia retina y mi cuerpo se marchite, no lograré envejecer. Quizás muera pronto, pero no envejeceré. Quizás sea en cincuenta años, con un cuerpo marchito que tenga cicatrizados mis vicios… pero no envejeceré.

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