me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

lunes, junio 22, 2009

Él...

Claro que sí. Él lo colocaba muchísimo cuando éramos pequeñas. Y recuerdo que bailaba... No es cierto. No recuerdo. No hay sonidos ni colores ni olores de entonces. pero sé que lo hacía.
Y bailaba... Él bailaba... Pero en todo aquel Wisky regado sobre los camarones, agotó prematuramente lágrimas mías que fueron entonces sonrisas. por eso ahora debo callar y está prohibido llorar.