Siendo repugnantes e incapaces humanos nos atrevemos a usar esta palabra; se llena nuestra boca al pronunciarla, y en ocasiones nos vanagloriamos de ello. Y es ahora, cuando nos atrevemos a preguntar si realmente alguno de los aquí presentes merece izar el pabellón por tener eso que llamamos un “valor”. Por ser “Tolerante”.
Es ahora cuando osamos preguntarnos si no somos acaso esos que no aceptan ideas distintas.Si no somos aquellos, quienes no soportan la posibilidad de que alguien pueda vivir sin pudor, por que solo somos un miserable reflejo de una pútrida sociedad dogmática y no podemos soportar que alguien salga de los cánones puritanos a los que estamos acostumbrados.
No toleramos las adversidades del mundo, viéndolo y juzgándolo inclemente, sin poder pensar que otros, con entropía, logran ver perfección.Una perfecta imperfección.
Somos seres tan desgraciados y pobres, que no toleramos nuestros propios defectos. Intentamos ocultarlo, pero ¿quien no se ha repudiado a si mismo por siquiera un segundo?Débiles, intolerantes.No toleramos que cada quien sea dueño de su vida y muerte. No toleramos la esclavitud, tampoco la libertad, no toleramos que la vida sea finita, no toleramos nuestra ignorancia, no toleramos aquello que llamamos “maldad”, así como tampoco la sincera bondad.
Entonces… ¿Qué es realmente la tolerancia?En cierta ocasión, un hombre sabio, cuyo nombre no logramos sacar a flote, dijo:
“No comparto tu opinión,Pero derramaría hasta la última gota de mi sangre,Por defender el derecho que tienes a expresarla”
¿Toleramos que nos hayan acabado de escupir la realidad?Seguramente, taparemos el sol con un dedo convenciéndonos de que no oímos nada… todo esta bien.Por que así ha sido, así es, y así será.
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