¡Voy tarde! ¡Voy tarde!
Y el muchacho que está sentado a mi lado mira constantemente el reloj y menea constantemente la cabeza –acaba de cerrar la ventana y mi pluma ya no baila-. Y el bus va repleto de gente que va tarde ¡muy tarde! ¡tarde! ¡tarde! ¡Se les hace tarde! ¡se nos hace tan tarde…
Sí. Efectivamente el chico de mi lado va tarde, muy tarde –acabo de preguntárselo-.
El bus ha tomado un atajo, ahora nos movemos…
Así todos lográramos estar puntuales en el “destino”, por algún inexplicable suceso… no importa, igual sería demasiado tarde.
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