(Es que… tengo nauseas.)
…Buenas tardes anochecientes, lapiceros de colores y hojas cuadriculadas: hoy me recuesto a escribir porque estoy enferma…
-un momento que iré a vomitar-
-ya… creo que he vomitado un arcoíris palidísimo y tísico, intentemos colocar música para hacer menos eco al trazar. Listo. Ya. ¿En qué iba?-
Ah sí: estoy jodidamente enferma desde hace tiempo ya. Tengo accesos de tos depresiva que en ocasiones son insoportables… y esa alergia mía al oxígeno va empeorando cada día. Estoy enferma: no sé en qué gastar el tiempo y los senos firmes. Observo demasiado la soledad y creo que tengo cataratas retrospectivas. Mi cuerpo insiste en sudar gélida resignación, pero la fiebre de obstinación me provoca tantos anticuerpos que rompo espejos y me escondo en las cobijas. Estoy enferma de equivocaciones y de aciertos. De flores podridas que nadie me regaló; de perfección cansada.
Lo peor es la sinceridad. Creo que eso fue venéreo, y la gente le teme por ser contagioso: quizás por eso usan tapabocas cuando me escuchan al visitarme… que es que algunos ciegos aún insisten en visitarme… Me pesan más las ojeras que el pecho y ando estornudando frustradas realidades.
Creo que ya es crítico: Me enojo con migo ante los otros. Esto está grave: no sé cumplir promesas, por eso no las hago al exterior. Solo me las hago rompiendo mis propios meñiques… quizás por eso disminuyen mis defensas. Me he vuelto adicta a algunas conversaciones porque me anestesian el ardor de huesos: Pero abuso de ellas y dejan de ser efectivas, por aquello del afecto.
Estoy enferma. Más enferma que dios. Y eso que ese ya está muerto.
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