A mi no me engaña ese fulano. Era un vampiro. Esperando el instante preciso para morder el cuello de aquella dama. Para alimentarse de las notas que se derramarán hacia sus labios, y saldrán a la gente por la boca negra de ella… que es un agujero que se conecta con su estómago. Y la escucha contarle su historia como si fuera la última. Ella se queja, y la luz… la luz… revela sobre las cejas del vástago, dos pequeños cuernos de infante
¡cómo se odiaban! … cómo se necesitaban
Ella que nunca volvió a los brazos de su progenie. Él, que pasó tantas noches sin sentir un par de senos por hacerla confesar… a solas… en este instante con gente. ¿Traición?
Nunca se me antojó tan lejanamente sensual y urgente la respiración ruidosa de un desconocido. Ese que llora a secas abrazando su guitarra.
1 comentario:
me encanta
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