me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

miércoles, septiembre 23, 2009

magicidas...

Muchos pasan. Y entonces ríen. Al principio ven proyectado del pecho aquellos ojos que no paran en edificios y chicles en el suelo, entonces claro! ¿cómo no cortejarla? El tiempo van pasando, los versos van saliendo, y la frustración obstinada, esa que nunca nunca se resigna, comienza a espantar a la gente.

Uno no puede permitirse andar por las calles, siendo consciente de que no le gusta la vida que lleva, de que las penas no se ahogan en el café, y el alcohol no desinfecta las heridas. Que una dieta sana baja en grasas no hace correr el viento por entre los poros. Claro, uno no puede juntarse con alguien que le recuerda que no sería tan difícil, desordenar, involucionar, descivilizarse y nomadar y nomadar sin importar a donde llegar. Es demasiado peligroso andar con alguien incapaz de dejar de soñar.

Uno no puede andarse enamorando de niñas inmaduras de mirada escurridiza. Niñas tontas que lloran con un poema y sueñan con un pez volador. Uno no puede andar acariciando a alguien que tiene frío que…

…ay, al amanecer soñé que despertaba, y luego despertaba, y despertaba y despertaba….
Hasta en los sueños se prohíbe soñar que se sueña.

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