me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

viernes, septiembre 04, 2009

No lo sé. no lo entiendo, no lo siento

En los más agudos, algunos se callan y voltean la mirada. Pero son pocos, y quizás ninguno, quienes tienen la rudeza de preguntarse por qué putas insiste en desgarrar el aire con esas vibraciones de su garganta envenenada
-no lo sé-
Entran, beben, ocupan el espacio, desgastan el aire. Los actos continúan y no hay segundos para el silencio. Ojos que siguen a las manos, y buscan miradas perdidas. En el punto vacío, aquel personaje interpretado. Ausente. Inabordable.
-no entiendo… no entiendo nada-
Deseable, específico, intrigante: No hace falta. Es así la mirada estática que lucha con la cronotopía roja sobre negra. Hay metas, esfuerzo, disciplina. Se acerca la meta. Solo metafísica.
-que se callen… no lo sé. No entiendo nada-
Al fin aplausos, ¿Cómo no hacerlo? Conmovedor. Diamantes en bruto. Todos son brutos, idiotas, impertinentes y hablan demasiado. Y ¿qué sigue? ¿A caminar por las estrellas y sonreír en las masas?
-Estoy cansada. Calla… gracias. ¿Huyes con migo un rato?-
Se ha transmitido el mensaje, claro era eso. Cuantos significantes, claro claro. Monoculos caídos en el coñac. Plic, plic, plic. Contratos, nombres. Así suena el talento: plic plic plic.
-No lo sé… lo siento, no lo entiendo. Había olvidado los pies rotos y las manos encadenadas, Prometeo. No nos podemos ir. Estoy cansada. ¿Me arrullas un rato? Perdón… es que como que también tengo prohibidos los abrazos.

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