me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

lunes, agosto 31, 2009

jaulas

Historia figurada por la ficción del cáliz rojo, cálido y sumamente escandaloso. En medio de la promiscuidad de líneas rectas, vistosidades: rococó reforzado, capitalizado, vacío… no, no tiene ese elegante suburbio la belleza del barro.
Allí descansa: sostenida por sus venas várices y sus dedos a punto de explotar. todas las depresiones de la forma se reúnen en su rostro, como si en cualquier momento fuera a derretirse su pellejo para fundirse con sus lágrimas. Pero seguramente, a diferencia de las urbanas sonrisas prófugas, ella no llora.

La soprano alondra, que a veces abre el pico pa’ quejarse, se queda quieta sobre los trabajos salados, totalmente disonante con los mitos caramente remasterizados y sintéticos que reposan con ella tras las rejas. Tras décadas.

Quinto mes, ¡se enamoró usted cuando era joven? No ría, está bien. Seré menos ridícula con mis preguntas, ¿es usted virgen aún?

1 comentario:

Dark Light dijo...

Interesante relacion, las jaulas son tantas cosas, tantas relaciones, tantos momentos, tantos tabus, tantos silencios... Lindo escrito.