esta taza de café se está convirtiendo en un pozo sin fondo.
O quizá solo sea el reflejo de la inirínea mácula de mis pensamientos... ahí, ahí: desperdigados.
Cuando se es obligado a practicar el voyerismo ambulante, hay convivencias que lo hacen perder a uno la cabeza. Como por ejemplo ¡Por los bigotes del peludo pelero! La luna está plena y mortecina iluminando con pudor el aguacero!!!!
-igual y no sé ni de qué estoy hablando, pero es así. Lo hueles. Sucede así.-
Es una noche como para ponerse a escuchar los cuentos de algún gAllan sombrío, desadaptado, desconocido e irresistible. O por ¿qué no? Una reconciliación con las falanges, o las rodillas, o este mi irrespetuoso tobillo perdido.
que alivio experimenciar la existencia de noches diluvidantes. Húmedas como solo ésta, en las que mi lengua sedienta se embriaga en medio de la abstinencia de mi vigilia.Que alivio saber que nadie tiene la obligación de escucharme lectoescribir en el eco de mis propios pasos, saltos, caídas, rebotes...
¡Egoísta!
solica en medio de mi tormenta de mí corporeidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario