Mi pequeña, tonta, ignorante e insignificante alma, se ha quedado dormida en mi cama de perro callejero. Hace un momento me intentaba seguir los pensamientos con cara de retardada mental, y no entendía el por qué de mi risa irónica. Aun así sonreía de forma sincera porque sabe que nos divertimos. Estoy ya segura totalmente de su estupidez: Solo una autista puede lucir tan feliz durmiendo.
Ella no disfruta el placer de este cigarrillo, de esta ceja reprochadora y pierna cruzada escrutándote como si en verdad le interesaras. No me importas. Durante tanto tiempo te he escuchado sin necesidad de fingir interés, simple y llanamente porque no me ves, y en tus confesiones de codos aplastados y muñecas agitadas me confiesas las alucinaciones que te has creado sobre mí. No, en definitiva mi pequeña, tonta e insignificante alma, no ha tenido que contenerse para decirte: no me interesa, solo son palabras estúpidas y masturbaciones mentales, porque sencillamente ella anda con los dedos metidos en mi entrepierna: bailando.
Pero nosotras si tenemos que contenernos. No, no tenemos. Por eso me siento de estas esas formas y te digo “tú dijiste”. Pero lo digo sin reproche, sin esperanza ahogada, sin alma. Lo digo con una sonrisa triunfal. Lo digo con burla. Porque fui mala pero no soy tan mala. Porque ahora compruebo la mofa de tus palabras de poeta apolíneo y reciclador de mierda repetitiva. Ante ese que “tú dijiste”, yo pensé. Pensé que me hastiaba, que era mierda, que me arrancó suspiros… suspiros de ironía, bajeza y compostura. Pero me descompongo. Con mi alma durmiendo me burlo de tus sentimientos ante tus nuevas musas. O tus musas recicladas. Porque sé que fueron tan falaces como los que me cantaste. Asqueroso poeta que ve la musa en un par de tetas, sin verlas realmente. Sin tocarlas realmente. Sin saborearlas realmente. Asquerosos farsantes que pretenden capturan el halo innombrable del orgasmo de unas cuerdas vocales, en una métrica y una rima para exhibir y decir que solo es fruto del amor. Que mientras follan realmente esperan que termine rápido, para asir simplemente un recuerdo.
Y no te escribo con la tinta del clisé, o con las lágrimas contenidas de una mujer resentida y dolida.
Solo lo hago
con la reverencia y humildad de un gato detallador
que detesta ser detallista…
pero que cuando vuelve a los ojos de esa
mi alma tonta ignorante e insignificante,
no puede evitar obsequiar
a veces
hilachas de sus labios
a los aquellos pies andantes.
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