Me encierro en mi cuarto: Sola. A beber. Brindo con el espejo: Nos rompemos mutuamente. Es que no me deja pasar a través de él. Es que no me deja atravesarlo. Está claro que no puedo follar con el espejo. No otra vez. No otra vez esa misma vez.
Le cuento mis cuentos al espejo. A él, que no va a opinar al respecto, le cuento mis miedos. Y brindamos por ello: nos rompemos mutuamente.
Huimos de los reflejos.
Enciendo un tabaco y bailamos al ritmo del dobro que interpreta el humo. Si llego a quedar preñada de alguno de los dos –no importa cual-, nominaré a la criatura Jack. Jack, Jack, Little Jack.
Jack knife.
Alguien tumba con modales la puerta de mi cuarto: Desaparece el humo y el espejo se llena de reflejos.
Ya no bebo.
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