Mi ocupación era entonces lamer el helado. Daba estocadas con la punta de mi lengua a aquella gélida bola cremosa de pétalos de rosa, aunque siempre he dudado que contenga realmente pétalos de esa puta flor estigmatizada. Solo he nacido, jamás únicamente, para lamer ese helado en aquel ecosistema comercial. Y me sabía observada.
En el saberme observada pude ver aquella cosa, aquel hecho, aquella lava, este líquido incoloro del que hasta ahora, en éste preciso instante, empiezo a caer en cuenta, y me crispo, y me dan ganas de pedir y pedir perdón a todos, a cada uno, a ninguno, a mi. ¿A mi? Cada paso que doy parece ir en la dirección opuesta del anterior. Y entonces lo extraño es haber nomadado tanto. Parece absurdo, lo sé. O me parece a mí, que parece parecer absurdamente parecido a tantas absurdidades arcaicamente saboreadas, pero es importante. Importante y urgente.
El hecho únicamente es que lamía yo el helado y me sabía observada. Así que debía observar a mi observador sin sacar los ojos del Aleph escondido en la cima del helado de los pétalos artificiales de la rosa. ¡No! Ahora puedo decirlo: No conocía, no conozco, y no conoceré al hombre -¿al niño?- que me observa comer helado y se ríe negándose a explicar el por qué; así me haya presentado hace días, semanas, quizás meses, un título para nominarlo; así haya estado yo bombardeándolo con millares de palabras y mi placer de articular y recrear: No sé quién es. Porque no es. O quizás solo sea. Al subirnos al coche y él encender motores –no quiero ni imaginar todo lo que ello implica, porque sería monstruoso escribirlo- y decir alguna cosa, el hombre -¿niño?- que me miraba lamer el helado en aquel tedioso lugar, dejó de existir: Era otro hombre -¿niño?- conduciendo, pero yo lo nominaba igual. Y el aroma persistía, aunque ya no se mezclara con pétalos de rosa. Así como yo ya no era… no sé qué era antes mientras era observada lamiendo el puto helado pero entonces, sentada como copiloto, era algo más oscuro y peligroso. Más abordable e indefenso.
¡Perdón! Cómo es posible haber hecho tantas veces lo que detesto que sea hecho.
¡Perdón! Por decir que ella es una mujer aburrida, quieta y facilista, sin detenerme en los orgasmos que habrá tenido y producido.
¡Perdón! Por recordar en daguerrotipos, en línea recta y seca.
Porque ya no sé cómo seguir escribiendo… lo siento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario