Hay sobre el reloj, un reflejo que interrumpe el frío de mis manos. Son pocas las melodías que no desatinan la necedad de la lluvia, ahora que no hay en el registro un día sin pies mojados.
Me repugna la vulgaridad de tu debilidad. Pero me agobia el cinismo de tus veladas. La lejanía de mis pies me hurta en la reminiscencia. Y la falta de canoas arrulla mis pestañas.
No quiero contar.
Quién reconociera a este cuerpo solo mientras duerme. Mientras calla. Trémulos los párpados. Obesa la vista.
Torpe la memoria.
Quién fuera alguien.
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