me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

miércoles, febrero 10, 2010

frustración.

está inflamada la siniestra. Me temo que mis dedos han sido arrestados. Te escribo desde el calabozo de los sobrevivientes que estamos a punto de ser sepultados vivos. De los muertos cuyos cadáveres son la presa de los necrofílicos. Creo que se me han reventado las cuerdas vocales, debió ser en el momento en que osé preguntar ¿por qué? y mis cejas se arquearon de indignación. Fue un mal movimiento, mal calculado.

Soy mala para los cálculos. Me enciendo cuando pretenden quebrar mi puerta hecha de retazos de espejo; pero sigo siendo la joven fría del bus, con mirada vagabunda y sin aura. Mi halo es ciego. Escribo para darte mi informe. Te informo que he fallado. Que se me quiebra la pasión en el hipotálamo y la incoherencia hace que el dolor me impida alcanzar lo sublime. Te informo que el brillo se desintegró en sombras que persiguen ratones con bigotes de chocolate: que nadan en alcantarillas de cerveza. Que perdí con un cero invertido los exámenes de historia, porque nunca me pude concentrar y no entiendo por qué mis hijos no leerán en un libro con páginas que huelen a pescado artificial que "mi padre tiene pesadillas en este momento y se ha estado quejando toda la noche. Lo quiero despertar y abrazarlo y no soy capaz. Da miedo hablar". Sí también por eso reprobé física, por aquello de negarse a la gravedad.

He fallado. Fuí un mal soldado: me puse a jugar a la pelota con los niños que debí reclutar. He caído. No encontré lo bello y lo estético y terminé plantando árboles en las plantas de mis pies. No fuí capaz de investigar para no esclavizarme, y aún así llegué cansada y llorosa de un trabajo que forjando sueños impuestos me fue haciendo cada vez más infeliz.
No fui capaz de llevar una soledad tranquila y jamás pude amar. Nunca tuve alguien que me despertara cuando mi ceño fruncido gritaba a causa de las pesadillas "Pero a mi madre no le da miedo, quizá ya ni lo piensa, y despierta a mi padre cada cinco minutos. Cada que se queja. Mi padre tiene pesadillas en este momento y se ha estado quejando toda la noche"

Y lo peor de todo: nunca fuí capaz de ponerle fin a una historia, mucho menos a una carta o informe. Lo más importante es que

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