las ganas de decir algo. órbitas perdídas y mi mano ya fría. suspendida. Sin cuerdas que la sostengan. Nada que pueda decir, todo lo que desearía lograr con palabrasque se enredan en la telaraña de mi garganta.
y pensar que solo somos espejos prestados donde Narciso ahogado no se rinde y pretende encontrar con en brillo de sus pupilas el punto de fuga opaco. Y finalmente nada dije... Ayer, mañana, Ahora ¿Para qué pedir la mano de un manco?
... como si los cocodrilos no lloráramos...
1 comentario:
Y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás (8)
jeje orale, dejemos atrás la vereda!
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