Ahora. Siento que ya no puedo decir Indómita. Si lo hiciera, sería una mentira, una súplica: una oración.
No tengo miedo. Si digo: no tengo miedo, también miento.
Quiero escribir sin metáforas, aunque la escritura sea tan solo un metafórico argumiento de tantos no sé qués. Cada frase es concebida en mi cabeza, y la dejo flotar allí mientras me decido a mover la mano. No quiero mover las manos para escribir. Me envuelve un inusual calor que me amodorra al tiempo que me inquieta.
Estoy harta de la contemplación y el pensamiento que viajan estáticos, dándole tan solo un peso inerte a mi sombra. A mi cuerpo.
Mi cuerpo tan roto cuya imagen soy tan incapaz de romper.
De mi sólida soledad me he derretido para devenir en esto que no puedo nombrar: a veces tan cristalino, otras tan viscoso.
Y es que ya no diferencio si soy un río, o un pozo de brea.
1 comentario:
Que el pensamiento se haga carne, que las ideas caigan de las nubes y se unten un poco de polvo.
Publicar un comentario