(En ocasiones me temo perjudicial para la salud. No, no me temo: me ambiciono. He abandonado la escritura para ser escritura. No soy deseada, veo que me desean. En ocasiones solamente, muy poco a menudo)
Mi nombre suena intermitentemente, como un timbre molesto que me interrumpe, me despierta. Poco y nada me importa la mancha amarilla en el cobertor blanco. En el cubrecama blanco… ¿cobertor, cubrecama? ¿Cuál es la diferencia?
Solo regalo alcohol, tabaco, drogas y libros. Quizás flores, que vienen siendo lo mismo. Cuando por la calle la gente grita, chifla y se detiene; cuando los cuellos en el bus se voltean, las manos se recargan en un vidrio y algunos se paran, entonces, yo sigo derecho. No despego la mirada de mis puntos fijos. Y no es que tema el caos o hallar algo súbitamente horrible. Es que me niego a desaparecer. Es que si voy a fundirme prefiero que sea con un charco. Es que me empecino en escribir así no tenga ya escritura. Así me produzca este insaciable y agudo dolor de cabeza que me va a terminar m
2 comentarios:
ártir?
Solo por no perder la costumbre aun leo tu no escritura. Un saludo
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