Necesito ordenar -¡cómo te atreves! ¿quién eres y donde me tienes?!- Despejarme el camino para poder quitarme pedacicos de mí, y dejarlos botados por donde paso. Por donde bebo.
Lo que me encanta del desencanto es que me hace más fuerte. Pero estoy cansada de tanta fuerza, tanta ira, perspicacia. Me temo que me enferma la inteligencia. Nuevamente al final queda la música. Pero hoy solo es música pasiva: mi voz va apagándose con la intermitencia de una lámpara, a la que el aceite, poco a poco, va abandonando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario