me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

jueves, diciembre 23, 2010

fortuito, contingente, azaroso, casual, accidental

Yo ya he sido hombre y mujer. En esto y también en aquello.
Aquí: de espaldas a tu cama, enfrente a tu ventana, abotonando mi camisa sucia. Y nada es de nadie. Aquí: pienso. Me pregunto qué pienso: pienso si estás preguntándote en que coños estoy pensando yo , dándote la espalda, parada frente a tu ventana que no es tuya, abotonando esta fea camisa que tampoco es mía, después de una follada suscitada no por el deseo sino por la necesidad de agredirnos. Necesidad que ni siquiera es nuestra, pero le respondemos ahora preguntándonos. Aunque tenga yo abstinencia y hambre de hoy, parece que está amarrado a ayer, a anoche.

Que enredo. Pero no vas a preguntarme. Se supone que estas durmiendo, y yo respetaré tu suposición y agarro el siguiente botón y lo inserto en el ojal más cercano a mi ombligo. Así de sencillo es follar. Cuando llegue a mi casa voy a entrar en mi cocina y pelaré unas berenjenas. Para que acompañen la pasta bañada en tomates que haré.

Ojalá implosionaran estos pensamientos sobre después, y me concentrara en intentar sentarme con sutileza en la cama para amarrar mis zapatos. Con cuidado: para no despertarte, aunque sepa que supones que no sé que no estás dormido. Es que te tiemblan las pestañas. Después de haberte tenido de huésped en la sala de espera de mi útero hace unas horas, he llegado a una conclusión, en este momento: quiero conocer a un hombre malo. Pero uno malo de verdad, que no tenga un subtexto en letras fosforescentes que diga: soy malo. Que su maldad sea como la amarilleidad opaca de las flores silvestres. Ellas no se proponen ser amarillas. Solo lo son. Si, un hombre amarillo. Las flores silvestres son desesperadas. Quiero la desesperación de un hombre malo que se deja mecer en el viento. Pero quizás las berenjenas no combinen con la pasta con delirios de tomates. ¡Qué falta de Delicadeza! ¿Quién habrá dado este portazo? Ese portazo. Aquel portazo. Si me detengo a pensarlo, son demasiadas escaleras para llegar a tu cama. Que no es tuya.

(Si realmente hubieras estado dormido, yo no habría cerrado de semejante golpe esa puerta.) A la gente no le importa pisar flores silvestres. Será por eso que son maleza.

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