
la columna era realmente la cola que se la perdido al gato de Chessire. Revolita y se retuerce obligando a maullar las piernas atrapadas en una red que ha pescado unas ingles inquietas. La consciencia se quedó lisiada en el movimiento ¿cómo es posible burlarse de un orgasmo? Sublime reproche enojado de la violación consentida.
No, y se desvanece en una imagen: recuerdo nostálgico. Y la mueca. Y la oleada
No: Ya no. La sonrisa. Y continuó la octavación octosílaba de los juegos parvularios.
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