me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

sábado, septiembre 11, 2010


la columna era realmente la cola que se la perdido al gato de Chessire. Revolita y se retuerce obligando a maullar las piernas atrapadas en una red que ha pescado unas ingles inquietas. La consciencia se quedó lisiada en el movimiento ¿cómo es posible burlarse de un orgasmo? Sublime reproche enojado de la violación consentida.
No, y se desvanece en una imagen: recuerdo nostálgico. Y la mueca. Y la oleada
No: Ya no. La sonrisa. Y continuó la octavación octosílaba de los juegos parvularios.

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