Arrullarme a mí misma con el parpadeo de mis temores cansados.
Solo estoy cansada. Realmente cansada. Tanto, que se me resbalan los músculos de los huesos. Me joroba tanta responsabilidad sobre mis hombros y me deja seca y enjuta mi insípida y descuidada quejadera inintencionada
Me des-sazona la vida tan entre mis muelas, tan de harina de trigo con ajillo y trocitos de acero oxidable. Tan todos enojados y chocando con una justa justificación propia cada uno. Esta vida tan demasiado real: de medicinas exactas a horas contadas y carne descomponiéndose entre el congelador averiado. Horarios cruzados. Tan encrucijada reverberación y tan tantan sin ritmo.
Mi codo quiere ser sembrado. No sé qué decir. Pero digo. En grafías perezosas y obsoletas: digo. Buscando una melodía que me haga no sentir vergüenza de los senos y el vientre: Digo.
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