me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

viernes, julio 25, 2008

Silencio



Finalmente oscuro: finalmente silencio… ¿total? Dan ganas de susurrar si se necesita hablar. Da temor romper el silencio, pues ahora parece tabú decir palabras.
Sandeces.
No se puede ni siquiera hablar con la soledad, pues solo como un extraño duermes a mi lado: tan distante, tan lejos. Además… Además aquí el silencio es inexistente, utópico. El silencio es la nada, y es como si todo se hubiera reunido en este punto… Y nos observa…Cuenta los latidos de mi pecho acelerado, y mide el alcance del aire cálido que sale impuro de tu boca intentando contaminar el que nos rodea… Pero no aquí. Aquí, simplemente es castigado, le es arrancada su infección con violencia y llega puro al infinito. Pues quiero pensar nuevamente que esto es todo, y los árboles respiran de forma perenne para evitar que nosotros -¡oh intrusos!- arruinemos la montaña.

“Observa las sombras que nos rodean… Oh, no puedes… a veces olvido que eres todo sombra mientras duermes. Y si eres ahora todo sombra ¿cómo podrías distinguir las otras sombras?” Pero no importa, quiero creer que no importa pues yo -¡desgraciada de mí!- puedo verlas: casi sentirlas. Distingo cuatro, seis, diez sombras distintas que comulgan entre ellas. ¡Ah! Vaya estupidez pretender usar cifras aquí; pues son infinitos los ojos que nos observan.
Infinitas las voces que nos gritan.
Infinitos los vientos que nos acarician.

Infinita. Esta montaña es infinita, y es como si todo en ella estuviese pendiente de nosotros: Nos acecha.
En cualquier momento se morderá los labios y se lamerá los dedos de deseo, para avisarnos cuan inmenso será su deleite al destrozarnos con vehemencia. Al ultrajarnos. Al poseernos.
Entonces realmente habrá silencio, y luego los sauces seguirán su ritmo natural: Observarán. Observarán a la montaña satisfecha. Su deseo aplacado por la carroña: Nosotros…

Deseo…
El silencio tácito en tu lenguaje me recuerda que estás a mi lado.
Silencio…
Mi aliento en tu rostro te despierta…
Silencio…
Mis manos lascivas invitan a las tuyas a despojarnos de las vestiduras: no las necesitamos.
Silencio…
Mi lengua recorre tus labios reprimiendo los mordiscos que quieren robarte gemidos…
Silencio…
Adivinas mis instintos y rompes la tensión: Damos paso al caos. No hay palabras, pero nuestros jadeos y suspiros de placer se unen con presteza al eterno canto de la montaña… Que sonríe…Nos acecha…Se muerde los labios…Se lame los dedos…

No hay comentarios: