
Viste eternamente de gris su alma.
se humilla.
Arrastra sus vientre en el lodo de su mente,
Hala pesadamente las cadenas de su existencia,
Rasga contra las espinas sus vestiduras.
Vive el árido luto de su agonía.
La noche: Su tormento.
Su fiel y traicionero amante,
sussurra en su oído perecederas palabras
que se enredarán
en la obtusa confusión de sus pensamientos.
La bruma,
limpia ligeramente los coagulos de sangre
que ahn quedado en sus labios.
Besando sutilmente
su ligéro sufrimiento.
intenta sonreír mientras su piel es lacerada.
Pero el asesino dolor, riendo y llorando,
le obliga a abandonar su absurda opisición.
Las aves carroñeras,
siguen el dulce y hostigante olor
que la sangre ha dejado en el viento.
Un viento que no solo acompaña su inagotable sendero,
también golpea y corroe su alma,
susurrandolo los murmullos de una misántropa humanidad.
Y el lodo se converte en hielo.
Y a cada paso que da,
restos de si puel quedan perdidos en el suelo.
El testigo más fiel de su injusto suplicio.
Llorar. Gritar.
Ya nada sirve.
Su garganta, se ha desgarrado
de tanto suplicar compasión.
Su lágrimas, solo dejan ardor
en las llagas de sus mejillas.
Esta cansada...
Pero a pesar de ello,
No quiere dormir.
Desea seguir sufriendo.
Desea ver su rostro demacrado por el dolor.
Por que sabe que su vida es muerte.
Y por lo tanto, no puede eprecer.
No es sadismo.
No es masoquismo.
Tan solo es Santidad.
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