
Le miró con muchísimo terror. ¿Alguna vez había visto una mirada tan aterradora y sádica? Peor aún... ¿Alguna vez había pensado siquiera en ver esa expresión de odio y diversión reflejada en el rostro de su noble y serena Samantha?
-Vamos chiquita... si es una broma ha ido ya muy lejos. Si es un castigo ya he aprendido... suelta eso y deja de acorralarme nena... ya te dije cuanto lo siento. - Samantha esbozó una muda y sarcástica risa.
Al borde de un peñasco, con una navaja en su mano.
El día anterior, Samantha y Bail, habían llegado a la playa. Era la celebración del segundo año de un matrimonio Uno joven... y... ¿Feliz?
Cualquiera que les "conociere", podría afirmarlo. Siempre se veía a Samantha sonreír y esperar pacientemente en casa el regreso de su marido, quien ocupaba un importante cargo en la banca. Asistían a las reuniones siempre juntos, mirándose con añoranza. Más que esposos, parecía aún novios.
Desde que se casaron, Samantha había encontrado en repetidas ocasiones en su esposo olor de perfumes ajenos... a veces conocidos. Marcas en el cuello, incluso cartas... y había sido testigo de varias llamadas no provenientes exactamente de mujeres honradas.
Infidelidad.
Era un matrimonio basado en la infidelidad y el perdón. La infidelidad y el instinto de Bail, y el perdón y la sumisión de Samantha.
Era siempre la misma escena. Ella le encontraba... él lloraba y pedía disculpas, mientras ella le sonreía con nostalgia. ¿Reclamos?
Nunca. Era como si nada hubiere sucedido, y seguían siendo la pareja perfecta.
Entonces ¿donde estaba ahora su Samantha?
La mujer que le miraba con desprecio y lástima... La que poco a poco le hacía dar pasos hacia las rocas precipitadas.... al abismo... ¿Era esa su Samantha?
El viento ponía a Bail aún más nervioso, mientras hacía que a ratos Samantha olvidara todo y se dedicara disfrutar el sentir su cabello danzar loca y arrebatadamente. Bail nunca había visto tan hermosa a su esposa... Tan hermosa y tan aterradora... Tenía deseo y miedo. Le inspiraba deseo y miedo.
Como si leyere su mente, Samantha tomó su mentón y le besó intensamente, mordiendo sus labios, y acariciándole con la lengua el paladar...
En un momento, la pasión se confundió con el dolor, si hay acaso diferencia alguna, y Bail sintió como su rostro era marcado con la navaja, sin dejar de ser besado.
Estaba horrorizado.
Samantha le soltó, y dió un paso leve hacia atrás. Disfrutaba el ser mirada con tanto temor.
-Si querías que te odiara, solo debías decirlo. Si querías que te matará, solo debiste pedirlo.-Colocó una de sus manos en el pecho de su marido-Ah, casi lo olvido-siguió diciendo mientras sonreía- Gracias por enseñarme mis límites.
No había más palabras que decir. Ahora el hombre al que Samantha tanto amaba, caía. Caía gracias a la mano redentora de su mujer.
Samantha dio media vuelta y regresó al hotel. Tenía un libro que leer.
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