me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

martes, abril 10, 2012

dentro del---

“Soy una persona. De aquí en adelante van a pasarme muchas cosas” ¿Por qué tienen en mí una repercusión tan fuerte dichas palabras? Son como un mantra que me deja pasmada, pero abre mis ojos.

Fue una caída libre, y mientras yo me sumergía, todo subía a la misma velocidad mía. Mi terquedad y yo decidimos leerle algo: “Papá había muerto”, otro conjuro que ponía a humedecerse de saludade mis ojos.

Antes nos habíamos encontrado. E intentamos conversar. Con una alegría sorda corrí a verlo. Cuando lo ví sentado impregnado del centro, mi alegría empezó a dudar: había algo extraño, no era solo que se hubiera afeitado… Empezamos a contarnos, sin escucharnos. Él y su hastío de eunucos competitivos y petulantes, listos a lanzar el zarpazo al caído, a perseguir y atrapar adulaciones baratas. Yo y mi angustia de estar viva y mi cuerpo que no se acostumbra a mi pensamiento -¿mi pensamiento que no se acostumbra a mi cuerpo?-. Me tendía una colombina y yo la acariciaba. Le ponía mi mano y él la mordisqueba.

Y entonces, ingenua, saco el preciado libro que pronto debía devolver y empiezo a leer, porque

-Esto casi me pone a llorar hoy.

El mendigo entra, solo tiene 200, de malas hermano, el pan vale 1300, pero tengo hambre hijueputa, váyase viejo gonorrea “Papá había muerto¨, vieja marica yo tengo hambre, todo bien viejo déjeme pasar la clientela, viejo asqueroso, voy a echarle a la policía “¡Papá había muerto de la misma manera que era profundo el mar! Comprendió de repente¨ para que deje de joder, asqueroso. “No estaba cansada de llorar, comprendía que papá había acabado”

-Discúlpeme por no poner atención… pero usted entenderá, el foco…

-No importa, está bien, digo. Pero no estaba bien. Estaba terriblemente triste. El mundo –humano- es sumamente triste. ¡Qué enredo en mi garganta! Mi mano sostiene, abraza con fiereza el libro.

-¿Qué piensa?
-Nada. Todo… fue muy caótico, respondo. Pero que horrible la señora que limpia el vidrio del local y sigue lanzando improperios contra el viejo aún cuando se ha ido. Es normal actuar con violencia cuando se tiene hambre, y al menos ese hombre no tenía miedo. Solo hambre… Y tú en frente de mí, la pobre hora estará harta de que la mires tanto y no la toques –por eso al llegar aquí y sentarme a escribir, cambié la hora por una desoficializada-.

Te he extrañado tantas veces, y venía con impaciencia a restregarme contra tu pellejo- Como tantísimas veces no ha ocurrido lo que esperaba, pero a diferencia de esas otras, no estoy triste por eso, ni enojada. Solo me caí y tenemos la seguridad del piso como distancia. Ni triste ni enojada, solo un poco aburrida. Pero a medida que me alejo deja de enturbiarme, y es el mundo el que lo hace, no tú. Estoy a punto de atacarme a llorar y tú me besas tan dulcemente, pero yo ya me fui, así me duela un trisito más que te vayas ahora, pero es porque me ciento prematura y angustiada por la gente que va y viene por las aceras. Y ni sé cuando te fuiste y camino con la mirada empañada pero sin ser capaz de llorar. También estuve alegre mientras tanto. Muda y nerviosamente alegre. Tornaba en siete colores distintos por cada cuadra que avanzaba hacia un lapicero para poder escribir esto:

Doctor, tengo unas horribles flemas en la garganta, y siento que estoy a punto de esputar, pero no quieren salir. Intento forzarlas, pero siento que lastimo mi cuello por dentro. Mi voz. Sospecho que cuando salgan se terminará esta década de miedo –claro, vendrán nuevos miedo- y podré cantar otra vez, podre volver a arrullar a mi querido con mi voz –o despertarlo ¿por qué no?- Podre volver a ser un ave y…

Doctor hoy me siento con los ojos muy abiertos, y cansada. Mi cuerpo está algo asustado porque no se acostumbra a mi pensamiento y a mi deseo –si es que existe-. Pero mi hermana diagnosticó –sin querer- la ira de mis pies: Usted tiene pata brava. Vuelve los zapatos una nada. Rapidísimo.

Doctor, sufro de ira en los pies. (Acabo de sentir el frío. Rompería de una patada el televisor, con mis pies.)

No hay comentarios: