me encanta marcarme la nuca con la gamba de la g hirviente. Hacerme fisuras con la jota en la clavícula y cavar hoyos en mis homoplatos con las eses. La gente buena no necesita poesía. Estoy siendo futilánime, por favor leerme de forma futilosa o fusilante. Gracias.

domingo, octubre 03, 2010

que mañana le pregunto a tu mama si te deja salir a jugar dentro de allí

Hay un niño que viste un saco tejido a punta de olvidos. Y hasta entonces creíamos que allí era imposible estar triste. Que es que cada vez que se embriaga le da un arrebato de descalzar los pies y andárselos como si el polvo no existiera. (habla suavecito: descubrí que mis lentes son espejos y necesito romperlos) Perdón. Nunca quise que fueras feliz, ni detuve mis labios para considerar la velocidad del miedo que te recorre la piel. Y ya: ahora entonces no existe. Pero no es cierto. Crueldad recorre la casa con pasos mudos que jamás remueven el polvo. Y aquí me agazapé, te atrapé, desperté y te ví no mrrreaweando bajo mi sombra. Y Aquí está lleno de humedad fría y ajena. Y nunca le quise. Quísele dentro de mí. Y casi casi siempre se va sin despedirse: no sé si a jugar, no sé si a dormir. O a ser magnífico semental de sutilezas; de desidias. Y yo me contento otra vez en mí. Y eso no tiene absolución; así que quédate con mis palabras: esas que no alcanzaron a echarte uña al cuello. Ni muela al talón. Quédatelas y trágatelas, ríetelas, llóratelas, quématelas, olvídamelas. Sobretodo olvídamelas.

No hay comentarios: